Sensibilidad que duele: el pánico a la pirotecnia

Lo que para muchos es una oportunidad de placer y entretenimiento, para otros representa momentos que despiertan miedos y fobias en extremo, tal como sucede en personas con autismo o en mascotas

Dicho pánico no es casual. Uno de los principales síntomas del Trastorno del Espectro Autista (TEA) es que la persona presenta hipersensibilidad en sus sentidos, especialmente la audición. Aquellos ruidos inesperados, de gran tono y con múltiples sonidos, sumado a luces incandescentes e intermitentes resultan la peor combinación para una persona hipersensible y es justamente el “combo” que la pirotecnia ofrece. Crisis de ansiedad, llantos, gritos o reacciones agresivas se ponen de manifiesto, en el afán de escapar de esa situación que tanto miedo les genera.

Asimismo, existen otras condiciones en donde la tolerancia al estrés acústico se ve limitada, como sucede en personas con Síndrome de Down, aquellas que han sufrido un ACV, problemas cardíacos o adultos mayores, entre otras.

En las mascotas, ocurre algo similar. Si tomamos en cuenta que un perro o un gato pueden escuchar 3 veces más fuerte un estruendo, que una persona ubicada a la misma distancia, podemos comprender el porqué de comportamientos tan desesperados. Más aún, al considerar que un petardo genera, en decibeles, un ruido peor que el que produce un avión de combate o el disparo de un arma de fuego, entenderemos porqué nuestras mascotas se sienten literalmente atacadas y buscan escapar.

“En perros y gatos la ansiedad se evidencia con vómitos, jadeo, salivación, temblores, pero también hay cambios que no son visibles, como el aumento del ritmo del corazón y la descarga de hormonas relacionadas al estrés, situaciones que son aún más riesgosas para mascotas gerontes y razas predispuestas a problemas cardio-respiratorios” sostiene la Dra. María Belén Villar, médica veterinaria del Laboratorio LABYES.

En el caso de los perros de asistencia, que conviven con personas con alguna discapacidad, la situación no es muy distinta, ya que “si bien son perros que han sido entrenados  y habituados a ruidos extremos para poder contener a personas con mayor sensibilidad auditiva y ayudar a calmarlas, toda esa situación de estrés y angustia que su compañero/a padece, implica un mayor estado de alerta para ese animal, quien adapta su sensibilidad, pero no deja de ser un perro” remarca el Dr. Omar Robotti, médico veterinario especializado en Etología y Conducta Animal.

Además, las consecuencias de la pirotecnia no sólo se relacionan con el miedo que provoca, sino que también acarrea consecuencias físicas. De acuerdo con la Sociedad Argentina de Pediatría, el 50% de las personas asistidas por lesiones causadas por pirotecnia son niños, muchas veces por ser simples espectadores. Respecto a las mascotas y según la Sociedad Americana para la Prevención de Crueldad hacia los Animales (ASPCA) el 20% de los perros que se pierden son a causa de la pirotecnia, muchos de los cuales resultan atropellados.

Por ello, los días en torno a las Fiestas los cuidados se extreman, a fin de reducir la ansiedad en aquellos más vulnerables al estrés acústico. En personas, el uso de auriculares especiales que aíslan los ruidos, viajar a zonas más tranquilas o simplemente ir a dormir más temprano, son algunas de las estrategias que las familias implementan. En cuanto a perros y gatos, brindarles un lugar seguro, reduciendo el riesgo de que puedan escapar o lesionarse, con música suave y, en algunos casos, se opta por el uso de un tranquilizante recomendado por el médico veterinario de la mascota.

Frente a estas situaciones, lo ideal es evitar o al menos minimizar el uso de pirotecnia durante las fiestas. Este es un camino necesario y, a la vez, un desafío posible. Quizás esa misma sensibilidad que nos obliga a escapar, es también la que nos invita a ponernos en el lugar del otro.